EL OFICIO DE COMUNICAR

COMUNICAR ES UNO DE LOS IMPULSOS DE LA VIDA. TODOS LOS SERES VIVOS NOS COMUNICAMOS PARA VIVIR. OPTIMIZAR EL IMPULSO, LO CONVIERTE EN OFICIO.

La comunidad se basa en la comunicación

“SÉ LO QUE QUIERO DECIR, PERO NO SÉ CÓMO DECIRLO”: LA NECESIDAD DE APRENDER EL OFICIO DE  COMUNICAR

El oficio de comunicar tiene que ver no sólo con mi trabajo, sino con el trabajo de mis clientes: escritores, ejecutivos, comerciales, coaches, sociólogos, comunity managers, algún político… , personas que necesitan comunicarse por razones profesionales -en un vínculo con su individualidad intrínseca-.

Muchas de las primeras sesiones que comparto con mis clientes empiezan con una frase como ésta o parecida. Al principio, en las que fueron mis primeras sesiones como coach literaria y ontológica, yo enseguida me precipitaba y decía: “Ajá, aquí hay un bloqueo”, lo que, en cierto modo, era cierto, pero no exactamente tal cómo lo enfocaba entonces. Mi enfoque, en aquellos momentos, pasaba un tanto por alto un aspecto esencial: la naturaleza del oficio de comunicar, la naturaleza del comunicador.

Obviamente, si alguien tiene algo que decir pero no sabe cómo hacerlo, está experimentando un bloqueo. Sin embargo, ese bloqueo no responde necesariamente a un recoveco íntimo, a un miedo trascendente, a alguna creencia poderosísima del tipo “no sirvo para esto” o, más rotunda, “no sirvo para nada”. O, en cualquier caso, y aún en el supuesto de que sea esta última creencia la que provoca la incapacidad de una persona para expresarse, el “tratamiento” no pasa por “cronificar” la creencia, de tal modo que el cliente y yo misma estemos observándola, buscando cómo derrotarla. Se trata de actuar desde otro ángulo,  el de la Semiología.

#entrenandolacomunicación

Necesario es, en este punto, diferenciar este estadio al que se retrató en un post anterior – https://mercemartiarolas.com/de-la-idea-a-la-accion-trabajando-la-comunicacion/

En aquel, la dificultad estaba en el proceso de transformación de idea a proyecto. En este, la dificultad está en expresar la idea misma, lo que imposibilita continuar y construir el proyecto.

DESMONTAR LA LIMITACIÓN ES CUESTIÓN DE RECORDAR, COMPRENDER Y APREHENDER: REAPRENDER A COMUNICARNOS

LA METÁFORA DEL OVILLO: EL RETO DE UN OFICIO

La metáfora de la madeja enredada y el acto de desenredarla

La metáfora del ovillo es muy común porque es, ciertamente, muy elocuente. Al mismo tiempo, aporta -por lo laberíntico del enredo en un ovillo cualquiera, sea del tamaño que sea el ovillo-, cierta dosis de dramatismo que, por lo general, a cualquiera le complace bastante: “ya que tengo un problema, que sea un problema “gordo””, ¿verdad?.

Bueno, de acuerdo, aceptemos el ovillo enredado como metáfora de lo que nos pasa cuando afirmamos “sé lo que quiero decir, pero no sé cómo decirlo”.

Puesto que el “síntoma” del problema está claro -“no saber cómo decir lo que se quiere decir”-, el problema se ubica en el “acto comunicativo”. ¿Cuál es “nuestro” ovillo en esta situación?. El acto comunicativo. Sin una comprensión clara del mismo, difícilmente se puede desarrollar con eficiencia el oficio de comunicar.

Así, metodológicamente, con el tiempo he descartado, en una primera interacción con el cliente, aspectos de orden trascendente o filosófico -más propios de la ontología-, para enfocar el asunto en su aspecto más específicamente funcional -la semiótica-.

EL ACTO COMUNICATIVO: EL TERRITORIO DEL OFICIO

El acto comunicativo implica a 2 actores: emisor y receptor. Bueno, sí, no parece una gran revelación. Probablemente tampoco lo sea que, en realidad, estos 2 actores, TÚ y YO, son, funcionalmente, intercambiables. Es decir, el emisor es también receptor y el receptor es también emisor y que el intercambio de papeles no es alternativo sino simultáneo. Porque aunque primero hable uno de los actores y, después, hable el otro -momento de intercambio de papeles-, mientras uno habla, el otro, aunque no sea verbalmente, “habla” también -la simultaneidad de la “comunicación no verbal”-.

Asimismo, en el mismo acto comunicativo, los actores experimentan una segunda línea de comunicación o comunicación de fondo: “el diálogo interior”; cada actor, además de hablar y escuchar al otro, también habla consigo mismo, escuchándose a sí mismo.

¿Complicado?. No, en absoluto. Es un proceso que practicamos los humanos con la habilidad que nos proporciona el haber aprendido a desarrollar nuestra aptitud para hablar durante nuestros dos primeros años de nuestra vida. Es una capacidad que poseemos directamente relacionada con la supervivencia en su sentido más amplio y profundo: sobrevivimos en comunidad y hacemos comunidad comunicándonos -sobretodo, si le sumamos actitud-.

#entrenandolacomunicación

Sin ser complicado, ¿seguro que “sabemos” lo que hacemos cada vez que nos comunicamos con nosotros mismos -diálogo interior- y con los demás -comunicación exterior-?. Puede ocurrir que, a fuerza de la costumbre, hayamos perdido la perspectiva del acto comunicativo y lo practiquemos sin el rigor que favorece su eficacia y eficiencia -sea comunicación escrita, oral, no verbal…, en fin, la comunicación en todas sus formas-.

REAPRENDER A COMUNICARNOS: PREPARÁNDONOS PARA EJERCER NUESTRO OFICIO

“Sé lo que quiero decir, pero no sé cómo decirlo”, ¿sí?. Así empezábamos.

Y bien, ¿qué hacemos?.

Después de algunos años trabajando con este “ovillo”, mi primera propuesta, frente a frente con mi cliente, es que el cliente se “reconecte” con lo que significa comunicar.

Y mi primera pregunta es: “¿y qué quieres decir?”. El poder de una pregunta tan sencilla es, casi siempre, total. Después de un primer gesto de estupefacción, más o menos contenido, por parte del cliente, éste, en efecto, contesta y, sí, explica lo que quiere decir. Así, sin más. Sorprendente, ¿no? -bueno, no tanto…-.

#entrenandolacomunicación

EL OFICIO DE COMUNICAR

Lo que se quiere decir, está dicho. Mejor o peor dicho -generalmente, peor-, pero dicho está. Y aquí empieza el trabajo de verdad; es la hora de “entrenar” la comunicación. Porque la comunicación es un oficio y, como todos los oficios, requiere de aprendizaje y de práctica: practicar, practicar, practicar.

Y empezaremos el entrenamiento con 2 nuevas preguntas: “¿para quién quieres decir lo que quieres decir?” y “¿para qué lo quieres decir?”

¿ENTRENAMOS JUNTOS?

DE LA IDEA A LA ACCIÓN: TRABAJANDO LA COMUNICACIÓN.

En mi día a día, estoy acompañando a personas que tienen un “proyecto”: escribir un libro, dar una conferencia, impartir un curso, presentar un programa político, exponer un plan de marketing… Por lo general, la intención se presenta en forma de “quiero…”. El “proyecto” está ahí. Y parece, de antemano, claro y concreto.

Pero, ¿cuánto hay de real en ese “proyecto” que deseamos llevar a cabo?. No es raro, en las más de las veces, que muy poco. En realidad, estamos en el territorio de las “ideas” -y no en el de los “proyectos”-.

Veamos qué ocurre a partir de ahora.

Experiencias de una acompañante literaria…
Cuando detectas que aquello que quieres está muy lejos de ser el proyecto claro que creías, puede empezar una experiencia frustrante y generadora de ansiedad, nada productiva y en absoluto creativa. (Fotografía de Rubén ConPa).

SEAMOS REALISTAS: TENEMOS UNA IDEA, SÓLO UNA IDEA.

Sí, seamos realistas. De momento, tenemos una idea, sólo una idea. Nada más y nada menos que una idea -¡cuánto cuesta tener una idea!-. Pero con una idea aún no tenemos un proyecto.

Comprenderlo -que no necesariamente aceptarlo- es un momento delicado.

Puede vencernos el desánimo, podemos tener la impresión de haber sido estúpidos, de haber estado viviendo en una ficción, de habernos engañado a nosotros mismos… Puede. Pero, ¡alerta!; es sólo una reacción momentánea.

También puede ocurrir que nos sintamos ofendidos, molestos, enfadados. ¿Cómo es posible que, finalmente, “todo” quede en “nada”?. Pero, ¡alerta!; es sólo una reacción momentánea.

Aceptemos que, antes que el “proyecto”, hay toda una historia que recorrer, y es una historia llena de capítulos, cada uno con sus respectivos episodios. Es… el libro antes del libro. ¿Sí?.  Y puede empezar con una lluvia de letras…

LA LLUVIA DE LETRAS: EL PRIMER PASO

En algún momento, antes que las propias palabras, viviremos una “lluvia de letras”. De gran belleza, tiene un poder relajante extraordinario y se convierte en un estímulo para el siguiente paso.

 La lluvia de letras es un ejercicio que, a veces, propongo a mis clientes y que yo misma practico. Es muy sencillo y muy bello de experimentar.

Cierra los ojos y, literalmente, imagina que ante tus ojos empieza a caer una fina lluvia de letras. No te entretengas en reconocerlas, no enfoques ninguna en particular…, simplemente, deja que lluevan palabras.

La lluvia de letras

En unos instantes, es probable que suspires profundamente y experimentes una amable sensación de bienestar y, algo muy importante, una poderosa sensación de libertad, de desapego y claridad.

Inténtalo…

Y, ¿AHORA?. AHORA ES EL MOMENTO DEL ORDEN:  EL EJERCICIO DE LAS PREGUNTAS.

Situados en nuestro nuevo estado de ánimo, en nuestra nueva percepción, relajada y placentera, del rico universo de las letras, estamos en una magnífica disposición para emprender una nueva tarea en la que, reconciliados con las palabras, podamos usarlas de nuevo con alegría y creatividad. Y con rigor.

Es el ejercicio de las preguntas: el homenaje a Sócrates y al método socrático.  

“Sólo sé que no sé nada”. Sócrates (470 a.C. – 399 a.C.)

Vamos a formularnos preguntas, sí. Empecemos con algunas. No son muchas.

¿Cuál es mi idea?

¿Puede ser un proyecto?

Ese proyecto, basado en mi idea, ¿en qué consiste?

¿Para qué sirve mi proyecto?

¿Para quién sirve mi proyecto?

¿Cómo puede ser viable?, ¿dónde lo voy a hacer?, ¿cuándo?, ¿cómo?…

Intenta responder a estas cuestiones por tu cuenta. Y observa qué tal te resulta contestarlas.

Tengamos paciencia. Démonos un poco de tiempo. Seamos compasivos con nosotros mismos y confiemos en nuestra capacidad.

Es una oportunidad excelente para volver al principio, a nuestro origen esencial, sin miedo -recordemos lo importante que es escribir, y en general en cualquier acto creativo, sin miedo… https://mercemartiarolas.com/escribir-desde-el-miedo/ 

De todos modos, el “método socrático” se basa en el diálogo. A y B dialogando.

¿Qué aporta el “diálogo”?. Profundidad. Penetración en el asunto.

A la tesis original, se le suman premisas adicionales y, de lo uno y lo otro, resultan los argumentos. El desenlace debiera ser, al menos aproximadamente, “la verdad”.

Si quieres practicar, con rigor, este método de trabajo que ha de permitirte aterrizar tu idea y convertirla en un proyecto real, y quieres que yo sea tu B, CONTÁCTAME

¿Comprobamos qué podemos hacer juntos?