HEREDERA DEL MIEDO: NACIDA EN 1965

"Camino del Liceo", 1964. Foto @eugeniforcano

Nací en la Barcelona de 1965 con el cordón umbilical alrededor del cuello. La matrona actúo de inmediato, cortándolo con premura. 

No sé si aquello contribuyo a convertirme en un ser tendencialmente asustadizo o si sirvió para hacer de mí una aspirante a valiente.

La ciudad -y no sé si el mundo entero-, vivía en blanco y negro y, creo, me acostumbré a mirar mi alrededor en blanco y negro.

EL MIEDO, ¿QUÉ ES?

El miedo, una vez se instala en el cuerpo, se expresa en la mirada . Foto @eugeniforcano
  1. Sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario.
  2. Sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea.

¿HEREDAMOS EL MIEDO?

SÍ, LO HEREDAMOS. LO SÉ. Pero por si mi convicción no fuese suficiente -que no tiene porque serlo-, voces autorizadas avalan aquello que yo reconozco en mi piel.

VOCES AUTORIZADAS: LA CIENCIA

Hablemos de una rama relativamente nueva de la Biología, la  EPIGENÉTICA .

La epigenética, tal como explica Tim Spector, relaciona nuestros genes con el entorno: el epigenoma actúa sobre nuestro ADN, a modo de moléculas -o marcas epigenéticas- que se adhieren o superponen al ADN.

Estos estudios se orientan hacia el seguimiento de algunas enfermedades, pero también ha sido útil para observar cómo, hasta al menos en 3 generaciones, puede pervivir y transmitirse, por ejemplo, el miedo -véase el artículo-.

Mientras los estudios científicos progresan, lo cierto es que lo que la ciencia estudia y describe es, exactamente, lo que quiere decir una expresión cómo “TENER EL MIEDO PEGADO A LA PIEL”.

VOCES AUTORIZADAS: LA FILOSOFÍA. 

HOBBES Y EL MIEDO (“EL LEVIATHAN”) vs.ROUSSEAU (“EMILE”)

Thomas Hobbes, 1588-1679, uno de los fundadores de la filosofía política moderna y autor de "El Leviathan" (1651), dónde define el miedo como "una aversión con la opinión de daño por parte del objeto".

No es “El Leviathan” un texto precisamente fácil y, sin embargo y a pesar de los tres siglos que han pasado desde su redacción, su validez sigue siendo reveladora -o, cuando menos, esclarecedora-, especialmente aplicado al universo político y social.

“LUPUS EST HOMO HOMINI” vs. “EL HOMBRE ES BUENO POR NATURALEZA”: HOBBES vs. ROUSSEAU

“lobo es el hombre para el hombre”, frase extraída de la Asinaria, obra dramática de Plauto (250-184 a.C.), y popularizada por Hobbes en “El Leviathan”.

Frente al que ahora calificaríamos como el “buenismo” de Jean Jacques Rousseau y su “el hombre es bueno por naturaleza” -de su ensayo “Émile”, de 1763-, y pese a que ambos autores -Hobbes y Rousseau-, teorizan a propósito del concepto de  contrato social , probablemente ha sido Hobbes quien más profundamente ha calado en las “células” de muchas generaciones -o, en rigor, el filósofo supo identificar y traducir en palabras aquello que ya estaba impreso en nuestras células desde el origen de la misma humanidad-.

Mentalmente, ideológica y aspiracionalmente, la huella de Rousseau está latente y se visibiliza socialmente, pero la “bondad” a la que apela no está, quizás, tan profundamente instalada en nuestro ADN.

DESEAMOS LA BONDAD, HUYENDO DEL MIEDO QUE SENTIMOS… Y, FRENTE A LO QUE SENTIMOS, HEMOS DE EDUCARNOS PARA SER

VOCES AUTORIZADAS: MI VOZ

Sí, mi voz es también una voz autorizada. Como la tuya. Nosotros somos la ciudadanía, somos individuos que formamos parte de un lugar, en un entorno social, dentro de un sistema político; y sólo por todo ello, somos, en efecto, voces autorizadas para hablar. También para hablar del miedo. 

CUANDO LOS SILENCIOS ALIMENTAN EL MIEDO

Crecí en un espacio confortable. Confortable, sí, pero extrañamente silencioso. No me di cuenta de aquel silencio hasta muchos años después; no me di cuenta hasta que no fui adulta y comprendí que yo misma estaba hecha de silencios.

En la casa de mi niñez se veía el “Telediario”, pero no se comentaban las noticias; a duras penas empezaron a comentarse a partir de 1975.

Sin antecedentes políticos familiares, cuando empecé a percibir aquellos silencios -tan ruidosos al lado de las calles que crepitaban palabras-, no conseguí comprender demasiado bien porqué no se hablaba de según qué cosas que, además, ya sobrepasaban lo político y se extendían, con una naturalidad pesada y aplastante, hacia cualquier otro reino.

Silencios. Largos silencios. Tiempo y asuntos sin palabras. Como si no hubiese “pensamiento”…, como si no hubiese “sentimientos”. Pero si algo había en aquellos silencios era un sentimiento; fuerte y poderoso: el miedo.

El miedo atenaza el cuerpo y, sobretodo, inmoviliza la lengua: uno se la amputa. Porque es en el silencio que estás a salvo de los otros, sean quienes sean ellos…, pretendan lo que pretendan. Porque uno intuye que esos otros pueden dañarle… y, con el silencio, uno se diluye en el contrato social de su época y se convierte en uno más: ni más alto, ni más bajo; uno más. Es el silencio frente a la bestia.

Mi padre, viéndome, quizás, demasiado parlanchina en aquel supuesto amanecer de finales de los 70, me dijo: “no llames la atención”. Cuatro palabras y sus manos entrelazadas, fuertemente entrelazadas, parecía que estuviesen conteniendo el deseo de abrazarme para siempre y por siempre… Esas manos queridas -y tan añoradas- han quedado grabadas en mi memoria y, cada vez que tomo la palabra en cualquier lugar, en cualquier escenario, en cualquier circunstancia…, vuelvo a verlas frente a mí y un escalofrío me recorre la espalda, preguntándome, casi sin palabras, si no tendría que haber callado, y siento la tentación de sumergirme, para siempre y por siempre, en el ruido de un silencio antiguo, dolorosamente impregnado en mi piel, amputando mi lengua. Es el silencio frente a la bestia.

 

Y la niña aprendió a callar deseando hablar

Añade aquí tu texto de cabecera

EL OFICIO DE COMUNICAR

COMUNICAR ES UNO DE LOS IMPULSOS DE LA VIDA. TODOS LOS SERES VIVOS NOS COMUNICAMOS PARA VIVIR. OPTIMIZAR EL IMPULSO, LO CONVIERTE EN OFICIO.

La comunidad se basa en la comunicación

“SÉ LO QUE QUIERO DECIR, PERO NO SÉ CÓMO DECIRLO”: LA NECESIDAD DE APRENDER EL OFICIO DE  COMUNICAR

El oficio de comunicar tiene que ver no sólo con mi trabajo, sino con el trabajo de mis clientes: escritores, ejecutivos, comerciales, coaches, sociólogos, comunity managers, algún político… , personas que necesitan comunicarse por razones profesionales -en un vínculo con su individualidad intrínseca-.

Muchas de las primeras sesiones que comparto con mis clientes empiezan con una frase como ésta o parecida. Al principio, en las que fueron mis primeras sesiones como coach literaria y ontológica, yo enseguida me precipitaba y decía: “Ajá, aquí hay un bloqueo”, lo que, en cierto modo, era cierto, pero no exactamente tal cómo lo enfocaba entonces. Mi enfoque, en aquellos momentos, pasaba un tanto por alto un aspecto esencial: la naturaleza del oficio de comunicar, la naturaleza del comunicador.

Obviamente, si alguien tiene algo que decir pero no sabe cómo hacerlo, está experimentando un bloqueo. Sin embargo, ese bloqueo no responde necesariamente a un recoveco íntimo, a un miedo trascendente, a alguna creencia poderosísima del tipo “no sirvo para esto” o, más rotunda, “no sirvo para nada”. O, en cualquier caso, y aún en el supuesto de que sea esta última creencia la que provoca la incapacidad de una persona para expresarse, el “tratamiento” no pasa por “cronificar” la creencia, de tal modo que el cliente y yo misma estemos observándola, buscando cómo derrotarla. Se trata de actuar desde otro ángulo,  el de la Semiología.

#entrenandolacomunicación

Necesario es, en este punto, diferenciar este estadio al que se retrató en un post anterior – https://mercemartiarolas.com/de-la-idea-a-la-accion-trabajando-la-comunicacion/

En aquel, la dificultad estaba en el proceso de transformación de idea a proyecto. En este, la dificultad está en expresar la idea misma, lo que imposibilita continuar y construir el proyecto.

DESMONTAR LA LIMITACIÓN ES CUESTIÓN DE RECORDAR, COMPRENDER Y APREHENDER: REAPRENDER A COMUNICARNOS

LA METÁFORA DEL OVILLO: EL RETO DE UN OFICIO

La metáfora de la madeja enredada y el acto de desenredarla

La metáfora del ovillo es muy común porque es, ciertamente, muy elocuente. Al mismo tiempo, aporta -por lo laberíntico del enredo en un ovillo cualquiera, sea del tamaño que sea el ovillo-, cierta dosis de dramatismo que, por lo general, a cualquiera le complace bastante: “ya que tengo un problema, que sea un problema “gordo””, ¿verdad?.

Bueno, de acuerdo, aceptemos el ovillo enredado como metáfora de lo que nos pasa cuando afirmamos “sé lo que quiero decir, pero no sé cómo decirlo”.

Puesto que el “síntoma” del problema está claro -“no saber cómo decir lo que se quiere decir”-, el problema se ubica en el “acto comunicativo”. ¿Cuál es “nuestro” ovillo en esta situación?. El acto comunicativo. Sin una comprensión clara del mismo, difícilmente se puede desarrollar con eficiencia el oficio de comunicar.

Así, metodológicamente, con el tiempo he descartado, en una primera interacción con el cliente, aspectos de orden trascendente o filosófico -más propios de la ontología-, para enfocar el asunto en su aspecto más específicamente funcional -la semiótica-.

EL ACTO COMUNICATIVO: EL TERRITORIO DEL OFICIO

El acto comunicativo implica a 2 actores: emisor y receptor. Bueno, sí, no parece una gran revelación. Probablemente tampoco lo sea que, en realidad, estos 2 actores, TÚ y YO, son, funcionalmente, intercambiables. Es decir, el emisor es también receptor y el receptor es también emisor y que el intercambio de papeles no es alternativo sino simultáneo. Porque aunque primero hable uno de los actores y, después, hable el otro -momento de intercambio de papeles-, mientras uno habla, el otro, aunque no sea verbalmente, “habla” también -la simultaneidad de la “comunicación no verbal”-.

Asimismo, en el mismo acto comunicativo, los actores experimentan una segunda línea de comunicación o comunicación de fondo: “el diálogo interior”; cada actor, además de hablar y escuchar al otro, también habla consigo mismo, escuchándose a sí mismo.

¿Complicado?. No, en absoluto. Es un proceso que practicamos los humanos con la habilidad que nos proporciona el haber aprendido a desarrollar nuestra aptitud para hablar durante nuestros dos primeros años de nuestra vida. Es una capacidad que poseemos directamente relacionada con la supervivencia en su sentido más amplio y profundo: sobrevivimos en comunidad y hacemos comunidad comunicándonos -sobretodo, si le sumamos actitud-.

#entrenandolacomunicación

Sin ser complicado, ¿seguro que “sabemos” lo que hacemos cada vez que nos comunicamos con nosotros mismos -diálogo interior- y con los demás -comunicación exterior-?. Puede ocurrir que, a fuerza de la costumbre, hayamos perdido la perspectiva del acto comunicativo y lo practiquemos sin el rigor que favorece su eficacia y eficiencia -sea comunicación escrita, oral, no verbal…, en fin, la comunicación en todas sus formas-.

REAPRENDER A COMUNICARNOS: PREPARÁNDONOS PARA EJERCER NUESTRO OFICIO

“Sé lo que quiero decir, pero no sé cómo decirlo”, ¿sí?. Así empezábamos.

Y bien, ¿qué hacemos?.

Después de algunos años trabajando con este “ovillo”, mi primera propuesta, frente a frente con mi cliente, es que el cliente se “reconecte” con lo que significa comunicar.

Y mi primera pregunta es: “¿y qué quieres decir?”. El poder de una pregunta tan sencilla es, casi siempre, total. Después de un primer gesto de estupefacción, más o menos contenido, por parte del cliente, éste, en efecto, contesta y, sí, explica lo que quiere decir. Así, sin más. Sorprendente, ¿no? -bueno, no tanto…-.

#entrenandolacomunicación

EL OFICIO DE COMUNICAR

Lo que se quiere decir, está dicho. Mejor o peor dicho -generalmente, peor-, pero dicho está. Y aquí empieza el trabajo de verdad; es la hora de “entrenar” la comunicación. Porque la comunicación es un oficio y, como todos los oficios, requiere de aprendizaje y de práctica: practicar, practicar, practicar.

Y empezaremos el entrenamiento con 2 nuevas preguntas: “¿para quién quieres decir lo que quieres decir?” y “¿para qué lo quieres decir?”

¿ENTRENAMOS JUNTOS?

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DE LA IDEA AL PROYECTO: TRABAJANDO LA COMUNICACIÓN.

En mi día a día, estoy acompañando a personas que tienen un “proyecto”: escribir un libro, dar una conferencia, impartir un curso, presentar un programa político, exponer un plan de marketing… Por lo general, la intención se presenta en forma de “quiero…”. El “proyecto” está ahí. Y parece, de antemano, claro y concreto.

Pero, ¿cuánto hay de real en ese “proyecto” que deseamos llevar a cabo?. No es raro, en las más de las veces, que muy poco. En realidad, estamos en el territorio de las “ideas” -y no en el de los “proyectos”-.

Veamos qué ocurre a partir de ahora.

Experiencias de una acompañante literaria…
Cuando detectas que aquello que quieres está muy lejos de ser el proyecto claro que creías, puede empezar una experiencia frustrante y generadora de ansiedad, nada productiva y en absoluto creativa. (Fotografía de Rubén ConPa).

SEAMOS REALISTAS: TENEMOS UNA IDEA, SÓLO UNA IDEA.

Sí, seamos realistas. De momento, tenemos una idea, sólo una idea. Nada más y nada menos que una idea -¡cuánto cuesta tener una idea!-. Pero con una idea aún no tenemos un proyecto.

Comprenderlo -que no necesariamente aceptarlo- es un momento delicado.

Puede vencernos el desánimo, podemos tener la impresión de haber sido estúpidos, de haber estado viviendo en una ficción, de habernos engañado a nosotros mismos… Puede. Pero, ¡alerta!; es sólo una reacción momentánea.

También puede ocurrir que nos sintamos ofendidos, molestos, enfadados. ¿Cómo es posible que, finalmente, “todo” quede en “nada”?. Pero, ¡alerta!; es sólo una reacción momentánea.

Aceptemos que, antes que el “proyecto”, hay toda una historia que recorrer, y es una historia llena de capítulos, cada uno con sus respectivos episodios. Es… el libro antes del libro. ¿Sí?.  Y puede empezar con una lluvia de letras…

LA LLUVIA DE LETRAS: EL PRIMER PASO

En algún momento, antes que las propias palabras, viviremos una “lluvia de letras”. De gran belleza, tiene un poder relajante extraordinario y se convierte en un estímulo para el siguiente paso.

 La lluvia de letras es un ejercicio que, a veces, propongo a mis clientes y que yo misma practico. Es muy sencillo y muy bello de experimentar.

Cierra los ojos y, literalmente, imagina que ante tus ojos empieza a caer una fina lluvia de letras. No te entretengas en reconocerlas, no enfoques ninguna en particular…, simplemente, deja que, poco a poco, lluevan palabras.

La lluvia de letras

En unos instantes, es probable que suspires profundamente y experimentes una amable sensación de bienestar y, algo muy importante, una poderosa sensación de libertad, de desapego y claridad.

Inténtalo…

Y, ¿AHORA?. AHORA ES EL MOMENTO DEL ORDEN:  EL EJERCICIO DE LAS PREGUNTAS.

Situados en nuestro nuevo estado de ánimo, en nuestra nueva percepción, relajada y placentera, del rico universo de las letras, estamos en una magnífica disposición para emprender una nueva tarea en la que, reconciliados con las palabras, podamos usarlas de nuevo con alegría y creatividad. Y con rigor.

Es el ejercicio de las preguntas: el homenaje a Sócrates y al método socrático.  

“Sólo sé que no sé nada”. Sócrates (470 a.C. – 399 a.C.)

Vamos a formularnos preguntas, sí. Empecemos con algunas. No son muchas.

¿Cuál es mi idea?

¿Puede ser un proyecto?

Ese proyecto, basado en mi idea, ¿en qué consiste?

¿Para qué sirve mi proyecto?

¿Para quién sirve mi proyecto?

¿Cómo puede ser viable?, ¿dónde lo voy a hacer?, ¿cuándo?, ¿cómo?…

Intenta responder a estas cuestiones por tu cuenta. Y observa qué tal te resulta contestarlas.

Tengamos paciencia. Démonos un poco de tiempo. Seamos compasivos con nosotros mismos y confiemos en nuestra capacidad.

Es una oportunidad excelente para volver al principio, a nuestro origen esencial, sin miedo -recordemos lo importante que es escribir, y en general en cualquier acto creativo, sin miedo… https://mercemartiarolas.com/escribir-desde-el-miedo/ 

De todos modos, el “método socrático” se basa en el diálogo. A y B dialogando.

¿Qué aporta el “diálogo”?. Profundidad. Penetración en el asunto.

A la tesis original, se le suman premisas adicionales y, de lo uno y lo otro, resultan los argumentos. El desenlace debiera ser, al menos aproximadamente, “la verdad”.

Si quieres practicar, con rigor, este método de trabajo que ha de permitirte aterrizar tu idea y convertirla en un proyecto real, y quieres que yo sea tu B, CONTÁCTAME

¿Comprobamos qué podemos hacer juntos?

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