DE LA IDEA A LA ACCIÓN: TRABAJANDO LA COMUNICACIÓN.

En mi día a día, estoy acompañando a personas que tienen un “proyecto”: escribir un libro, dar una conferencia, impartir un curso, presentar un programa político, exponer un plan de marketing… Por lo general, la intención se presenta en forma de “quiero…”. El “proyecto” está ahí. Y parece, de antemano, claro y concreto.

Pero, ¿cuánto hay de real en ese “proyecto” que deseamos llevar a cabo?. No es raro, en las más de las veces, que muy poco. En realidad, estamos en el territorio de las “ideas” -y no en el de los “proyectos”-.

Veamos qué ocurre a partir de ahora.

Experiencias de una acompañante literaria…
Cuando detectas que aquello que quieres está muy lejos de ser el proyecto claro que creías, puede empezar una experiencia frustrante y generadora de ansiedad, nada productiva y en absoluto creativa. (Fotografía de Rubén ConPa).

SEAMOS REALISTAS: TENEMOS UNA IDEA, SÓLO UNA IDEA.

Sí, seamos realistas. De momento, tenemos una idea, sólo una idea. Nada más y nada menos que una idea -¡cuánto cuesta tener una idea!-. Pero con una idea aún no tenemos un proyecto.

Comprenderlo -que no necesariamente aceptarlo- es un momento delicado.

Puede vencernos el desánimo, podemos tener la impresión de haber sido estúpidos, de haber estado viviendo en una ficción, de habernos engañado a nosotros mismos… Puede. Pero, ¡alerta!; es sólo una reacción momentánea.

También puede ocurrir que nos sintamos ofendidos, molestos, enfadados. ¿Cómo es posible que, finalmente, “todo” quede en “nada”?. Pero, ¡alerta!; es sólo una reacción momentánea.

Aceptemos que, antes que el “proyecto”, hay toda una historia que recorrer, y es una historia llena de capítulos, cada uno con sus respectivos episodios. Es… el libro antes del libro. ¿Sí?.  Y puede empezar con una lluvia de letras…

LA LLUVIA DE LETRAS: EL PRIMER PASO

En algún momento, antes que las propias palabras, viviremos una “lluvia de letras”. De gran belleza, tiene un poder relajante extraordinario y se convierte en un estímulo para el siguiente paso.

 La lluvia de letras es un ejercicio que, a veces, propongo a mis clientes y que yo misma practico. Es muy sencillo y muy bello de experimentar.

Cierra los ojos y, literalmente, imagina que ante tus ojos empieza a caer una fina lluvia de letras. No te entretengas en reconocerlas, no enfoques ninguna en particular…, simplemente, deja que lluevan palabras.

La lluvia de letras

En unos instantes, es probable que suspires profundamente y experimentes una amable sensación de bienestar y, algo muy importante, una poderosa sensación de libertad, de desapego y claridad.

Inténtalo…

Y, ¿AHORA?. AHORA ES EL MOMENTO DEL ORDEN:  EL EJERCICIO DE LAS PREGUNTAS.

Situados en nuestro nuevo estado de ánimo, en nuestra nueva percepción, relajada y placentera, del rico universo de las letras, estamos en una magnífica disposición para emprender una nueva tarea en la que, reconciliados con las palabras, podamos usarlas de nuevo con alegría y creatividad. Y con rigor.

Es el ejercicio de las preguntas: el homenaje a Sócrates y al método socrático.  

“Sólo sé que no sé nada”. Sócrates (470 a.C. – 399 a.C.)

Vamos a formularnos preguntas, sí. Empecemos con algunas. No son muchas.

¿Cuál es mi idea?

¿Puede ser un proyecto?

Ese proyecto, basado en mi idea, ¿en qué consiste?

¿Para qué sirve mi proyecto?

¿Para quién sirve mi proyecto?

¿Cómo puede ser viable?, ¿dónde lo voy a hacer?, ¿cuándo?, ¿cómo?…

Intenta responder a estas cuestiones por tu cuenta. Y observa qué tal te resulta contestarlas.

Tengamos paciencia. Démonos un poco de tiempo. Seamos compasivos con nosotros mismos y confiemos en nuestra capacidad.

Es una oportunidad excelente para volver al principio, a nuestro origen esencial, sin miedo -recordemos lo importante que es escribir, y en general en cualquier acto creativo, sin miedo… https://mercemartiarolas.com/escribir-desde-el-miedo/ 

De todos modos, el “método socrático” se basa en el diálogo. A y B dialogando.

¿Qué aporta el “diálogo”?. Profundidad. Penetración en el asunto.

A la tesis original, se le suman premisas adicionales y, de lo uno y lo otro, resultan los argumentos. El desenlace debiera ser, al menos aproximadamente, “la verdad”.

Si quieres practicar, con rigor, este método de trabajo que ha de permitirte aterrizar tu idea y convertirla en un proyecto real, y quieres que yo sea tu B, CONTÁCTAME

¿Comprobamos qué podemos hacer juntos?

ESCRIBIR DESDE EL MIEDO

EL MIEDO PUEDE PARALIZAR CUALQUIER ACCIÓN. TAMBIÉN LA ESCRITURA.
RESISTE

“Para quien tiene miedo, todo son ruidos”

Sófocles (496 a.C. – 406 a.C.)

No se trata del miedo a la página en blanco. Se trata del miedo que el escritor experimenta al comprender el poder que tiene su escritura.

Hablamos de ese momento en el que el texto empieza a vivir, cuando la página en blanco deja de estar en blanco y las palabras han emprendido su camino y pareciera que el camino que recorren les conduce hacia una puerta que no ha de ser abierta por el lector, sino que es la puerta que penetra en la intimidad del escritor; el momento en el que las palabras mudan en llave del alma del escribiente.

La llave del alma

ALMA: Entidad abstracta tradicionalmente considerada la parte inmaterial que, junto con el cuerpo o parte material, constituye el ser humano; se le atribuye la capacidad de sentir y pensar.

Wordreference

LAS HUELLAS EN EL ALMA: PELLIZCOS

El alma. Si es la parte inmaterial que nos conforma -almacén inmenso que registra cada latido, cada pestañeo de nuestra vida, cada instante de felicidad, cada duda y desengaño, cada ilusión, cada pellizco-, se nos puede antojar inaprensible desde la razón, como si fuésemos incapaces de expresar todo lo que ella contiene y, al mismo tiempo, sin embargo, viviésemos prendidos a ese contenido que es un sinfín de huellas que nos marcan a hierro.

Porque, ¿cómo podemos “tomar” la emoción que experimentamos ante un amanecer -o un anochecer-?, ¿cómo podemos “tomar” aquel momento en el que, sentados alrededor de la mesa, alguien nos hizo callar porque no era “apropiado” lo que estábamos diciendo y descubrimos que hay cosas que sí se pueden decir y otras que no?, ¿cómo podemos “tomar” el instante, quizás minutos, en que fuimos aplaudidos, halagados, cuando fuimos seleccionados para un puesto de trabajo o para un ascenso?, ¿o, siendo más niños, el momento en que nos eligieron “representante” de clase?, ¿o cuando nadie nos votó para serlo?. Pellizcos.

LA ESCRITURA NO MIENTE: LOS MIEDOS DESCUBREN SU ROSTRO

Y, entonces, empezamos a escribir. Porque queremos ser escritores. Porque somos escritores. Y el texto -por ejemplo, una ficción que situamos en el otro extremo del mundo, dos siglos atrás o tres siglos por delante de nuestro presente-, el texto, decíamos, que se hilvana en el vaivén entre cabeza y manos, empieza a recorrer los corredores de nuestra propia alma.

La escritura saca a la luz nuestros miedos

Nuestros personajes actúan, hablan, callan, hacen, dicen… callan, al dictado, en ocasiones y aparentemente, no tanto desde nuestra voluntad como por la voluntad de la propia historia, porque la historia cobra vida, entidad y “exige” que sus personajes sean consecuentes, coherente, creíbles… “verdaderos”.

Y una escena, una palabra, puede revelar una verdad que trasciende la página, que supera la ficción y, entonces, el autor “reconoce”, en su texto, “la verdad“, su verdad, y, a veces, esa “verdad” significa ver cara a cara sus miedos; los miedos personales, los miedos propios, porque los pellizcos, las huellas de su alma, más nefastos han encontrado el modo de salir a la luz.

CLASES DE MIEDO -al escribir-: EL INTRAMIEDO / EL EXTRAMIEDO

el miedo no le impidió escribir lo que quería escribir
Lazarillo de Tormes es la voz que denuncia todo un mundo agónico y pervertido en sus valores. Lo hace en un ejercicio de “verdad” que, de publicarse, iba a poner en peligro a su autor. Y el autor sacrificó cualquier reconocimiento hacia su persona, manteniéndose en el anonimato, por mantenerse a salvo: pero, aún así, el miedo no le impidió escribir lo que quería escribir. Y, gracias a la estratagema del anonimato, burló el miedo a publicar la obra terminada.

EL INTRAMIEDO

Aparece cuando el autor reconoce sus miedos, en su texto y, resistiéndose a confrontarse con ellos -por las razones que sea-, los bloquea en la obra e, incluso, los elimina, bajo riesgo de abortar un texto de calidad.

El escritor apresado por sí mismo y en sí mismo

EL EXTRAMIEDO

Cuando una amenaza exterior genera autocensura: que nadie en la familia, en el círculo de amigos, en el trabajo…, se reconozca en el texto -aún no generando un texto biográfico-, o que el relato no conlleve un peligro para la libertad o, incluso, la integridad física del escritor. Como en el anterior, en este caso también puede ocurrir que el autor elimine elementos que, por no aparecer, pueden afectar, de manera fatal, la calidad del texto final.

“Payasos asesinos del espacio exterior”, 1988 (Stephen Chiodo)

LA SOLUCIÓN

¿Cuál es el problema, como escritores, de nuestro conflicto con el miedo?

Como escritores, el problema es que escribir bajo el imperio del miedo es, exactamente, “no-escribir”. Los textos resultantes, sin que los miedos hayan sido reconocidos, serán, probablemente, de una calidad inferior a un texto afrontado desde la libertad.

Y, ¿cuál es la solución?. Se nos antojan, en principio, dos:

1.- O se renuncia a afrontar cualquier texto que saque a la luz esos miedos.

2.-O se investiga en fórmulas que permitan ejecutar un texto legítimo, que haya confrontado esos miedos para no eludirlos, evitando distorsionar la esencia de la obra.

Si quieres investigar en esta dirección y crees que solo/sola te va a ser complicado, quizás podamos trabajar juntos y explorar tus posibilidades. Si es así, CONTÁCTAME

Trabajar acompañado, genera una escritura más confiada