En mi día a día, a menudo estoy acompañando a personas que tienen un “proyecto”: escribir un libro, mejorar su expresión, afinar su comunicación… Por lo general, cualquiera de estas intenciones se presentan, en efecto, en forma de “quiero…”. El “proyecto” está ahí. Y parece, de antemano, claro y concreto.

Yo misma, cuando me siento con el propósito de desarrollar mi propio “proyecto”, lo hago desde la apariencia de tener una idea clara y concreta entre manos.

Pero, ¿cuánto hay de real en ese “proyecto” que deseamos llevar a cabo?. No es raro, en las más de las veces, que muy poco.

Tanto es así que he tenido que revisar mi propio método de trabajo, la manera de dirigirme a mis clientes y de conversar con ellos, la forma de gestionar sus primeras declaraciones de intenciones. He aprendido a no dar nada por sentado.

Porque, antes que el “proyecto”, hay toda una historia que recorrer, y es una historia llena de capítulos, cada uno con sus respectivos episodios.

Porque, antes que el “proyecto”,

hay toda una historia que recorrer,

y es una historia llena de capítulos,

cada uno con sus respectivos episodios.

Así pues, cuando creamos que estamos a punto de empezar, al fin, nuestro proyecto, es útil formularnos unas cuantas preguntas. No son muchas y son sencillas, aunque no siempre son fáciles de responder.

Podemos preguntarnos:

    • ¿Qué es mi proyecto?.
    • ¿Para qué sirve?.
    • ¿Para quién lo quiero hacer?.
    • ¿Cómo lo voy a hacer?.
    • ¿Dónde lo voy a hacer?.
    • ¿Cuándo lo voy a hacer?.
    • ¿Quién soy yo…?.

Y es que, de principio a fin, nuestro proyecto somos nosotros. Nosotros en toda nuestra complejidad.

No es raro que, al intentar responder a estas cuestiones, uno se de cuenta de que no sabe exactamente qué contestar.

Este es un momento delicado.

Puede vencernos el desánimo, podemos tener la impresión de haber sido estúpidos, de haber estado viviendo en una ficción, de habernos engañado a nosotros mismos… Puede que nos ocurran todas estas cosas. ¡Alerta!. Es sólo una reacción momentánea.

También puede ocurrir que nos sintamos ofendidos, molestos, enfadados. ¿Cómo es posible que, finalmente, “todo” quede en “nada”?. ¡Alerta!. Es sólo una reacción momentánea.

Tengamos paciencia. Démonos un poco de tiempo.

Seamos compasivos con nosotros mismos y confiemos en nuestra capacidad.

Nuestro proyecto existe. Es real. Sólo hay que poder capturarlo en su plenitud.

Lo cierto es que estamos ante una oportunidad estupenda. Incluso, quizás, única y excepcional.

Volvamos al principio. Sin miedo. Volvamos al origen.

Recorramos un camino basado en nosotros mismos, en comprender nuestra identidad, en quiénes somos, en qué elementos son los que nos conforman como las personas que somos. Podemos hacer hallazgos extraordinarios. Puede que, simplemente, situándonos frente a un espejo, al fin sepamos reconocernos en todo nuestro potencial  y en todas nuestras limitaciones “de fábrica”. Para lo bueno y para lo malo.

Si sabemos qué valores son inviolables para nosotros y desde qué creencias actuamos, podremos comprender en su dimensión más completa la idea que un día tuvimos y que, desde entonces, hemos ido alimentando sin saber muy bien ni de qué ni cómo… Tal vez, ahora, podremos dibujar con renovada nitidez esa idea primera.

https://es.scribd.com/doc/21994147/VALORES-Y-CREENCIAS

Desde la claridad con la que observamos nuestra idea, ahora sí, estaremos más cerca de identificar nuestras aptitudes, nuestras habilidades y nuestras actitudes. Sabremos de dónde proceden y podremos apreciarlas en toda su capacidad que, al fin y al cabo, es la nuestra.

https://educar.doncomos.com/diferencia-actitud-aptitud

Finalmente, muchas veces se avanza a pasos agigantados cuando uno es capaz de retroceder lo suficiente como para corregir, rectificar, modificar…, aprender y aprehender de uno mismo.

Y volver a la “idea” no es un mal camino…

Y por si acaso uno se pierde en la idea, bueno es recordar la estrategia que se recomendó en

ATRAPADOS EN UNA IDEA… EL TIEMPO DEL GARABATO

Al fin y al cabo, la escritura siempre está ahí para rescatarnos… Y si necesitas ayuda extra, ¡aquí estoy para acompañarte!.