MIS LIBROS

Escribir tiene, para mí, cierto componente mágicamente vital. Vivo en el mundo real, cierto, pero todo me resulta mucho más real -y, acaso, más comprensible y soportable- cuando transformo fragmentos de esa realidad en un relato. 

Escribo relatos. Cortos. ¿Otros géneros?. Los disfruto como lectora, los disecciono como filóloga, los analizo como coach. Pero no escribo, hoy por hoy, otro género que no sea el relato corto.

Ellos, mis libros, pertenecen a la “Era del Papel”. Y pronto, llegarán a la “Era Digital”. De momento, he aquí un recorrido por ellos y sus pequeñas historias.

QUIERO SER ESCRITORA

LA VOCACIÓN

A los 4 años, aprendí a leer y a escribir.

Fue un aprendizaje espectacular, mágico, arrollador…, el principio de mucho.

En mi vida hubo un antes y un después desde el mismo instante en el  que pude empezar a ir por la calle, de la mano de mis padres, leyendo, uno tras otro, cuantos carteles, rótulos, placas de calle o plaza, me iba encontrando… Y, en cuanto supe escribir, sentada en la mesa del comedor, me puse a “contar” las cosas que ocurrían en mi vida de entonces.

Llegó la edad de las vocaciones. “¿Qué quieres ser de mayor?”. Siempre respondí: “escritora”.

Desde entonces, vengo ocupando buena parte de mi tiempo en leer -siempre- y escribir -casi siempre-…

EL CONCURSO DE COCA-COLA

UN CLÁSICO DE LOS 70

En el cole organizaron una salida: visitaríamos la planta embotelladora de una bebida refrescante en Barcelona.

Recuerdo el escándalo de las botellas de cristal, golpeándose unas contra otras, en las cintas que corrían, vacías, por una nave acristalada, para, de repente, aparecer llenas de la misteriosa fórmula de “la chispa de la vida”…

Unos pocos años antes, la marca había lanzado la primera edición de su concurso de relatos cortos para jóvenes talentos. Cuando nuestra guía durante la visita a la planta nos despedía, nos habló de este concurso y nos animó a participar. Durante los días siguientes, también en el cole lo hicieron.

Me presenté. Y perdí.

Lo ganó mi mejor amiga -con la que planeábamos ser bibliotecarias, irnos a vivir a Galicia, y dedicarnos a escribir, cada una en su mesa, al lado de un ventanal frente al Atlántico… Seríamos dos “virginias woolf” hispanas-.

Me alegré por mi amiga que se montó en el autocar y se fue de viaje con los ganadores del resto de Cataluña, para reunirse con el resto de ganadores de toda España, en algún lugar, creo recordar, de la Costa del Sol. Me alegré por ella y me quedé muy fastidiada por mí.

"EL PLANETA MART"

PREMI “CAN TORRÓ”. ALCÚDIA.

En 1991, dejé de escribir en mi máquina de escribir eléctrica y empecé a hacerlo en mi primer ordenador, un Amstrad, modelo 8256.

Ese mismo año, mandé a un concurso -el “Premi Biblioteca Can Torró”, de Alcudia, Mallorca-, un cuento. Y, ese mismo año, recibí una llamada telefónica -al fijo, claro. No, todavía no existían los móviles-: había ganado el premio.

Había escrito “El Planeta Mart” de un tirón. Lo escribí de noche, atrapada en la sencilla historia de un niño, Pere, que se escapa de casa una noche de verano y recorre solo las calles de su pueblo de veraneo -remotamente inspirado en Mura-, hasta encontrarse con Tomeu -la versión masculina de mi abuela Rosa-. 

Tomeu lleva a Pere de vuelta a casa del niño, pero por el camino se entretienen en contemplar juntos el cielo. 

De la mano de Tomeu, Pere descubre, al lado de la Luna, un punto rojo… Marte -mi planeta favorito, que vive su otoño en el verano de nuestro hemisferio norte-. 

En sus idas y venidas, aparecen unos pocos personajes más: Marteta -la vecina que le gusta a Pere-, Anna, la geganta -“Ana, la giganta”, inspirada en la dueña de un bar de Vic que, a mí, de niña, me impresionaba mucho por su estatura y tamaño…-, Maria -la abuela de Pere-…

En 1993, la editorial Moll, de Mallorca, lo publicaba en su colección “Titelles”, con ilustraciones de Aina Bonner.

"EL PASSEJANT"

FORMANDO PARTE DE UNA ANTOLOGÍA

A las puertas de la Barcelona olímpica, abandoné mi ciudad y me mudé a la orilla del mar.

Empecé a vivir en el Maresme, en Masnou -para ser del todo precisa, en Ocata, y no es una aclaración baladí: conozco el orgullo de los “ocatins” por serlo-.

1993 fue un buen año -aunque no sabía que se acercaba el final de una etapa de mi vida-.

La vida en mi pueblo de adopción, me llevó a conocer a algunos vecinos, algunos de ellos artistas. Así surgió la idea de crear y publicar una antología de cuentos que sumaría los esfuerzos de escritores e ilustradores locales.

Tuve la fortuna de publicar al lado de Javier Cisneros, Camino Robles, Tomàs Bel, Núria Bolaño, entre otros, y con ilustradores como Martí Igual o Jaume Marzal. 

Yo aporté un cuento titulado “El passejant” -“El paseante”-. Ilustrado por Pedro Alférez Canós.

 

"COMPANY!"

PREMI “MERCÈ RODOREDA”

De niña, había ido muchas veces a Molins de Rei, y, en 1993, se celebraba allí el IV Concurso de Narrativa Literaria, “Mercè Rodoreda”.

La suma de mis recuerdos infantiles con mi admiración por Rodoreda, decidieron que me presentase.

Quedé finalista con un cuento titulado “Company!” – “¡Compañero!”-, un relato sobre un instante en la vida corriente de una pareja corriente, con el peso que adquiere lo anodino de las tareas domésticas en la relación supuestamente igualitaria entre hombre y mujer.

El relato fue incluido en la antología que la radio municipal de Molins de Rei publicó.

"FRAGMENTS D'UNIVERSOS PETITS"

RELATOS

En 1995, una pequeña y recién nacida editorial, El Clavell, de la mano de Genís Morillas y Esperanza Servais, aceptó publicar un libro con una colección de mis relatos.

Hasta entonces, todo lo que escribía, lo escribía, todavía, en mi Amstrad 8256. Pero el mundo había cambiado. La revolución tecnológica, que había empezado unos años antes, ya estaba en la calle. Mi querido 8256 no era compatible con ningún otro ordenador del mundo. Así que tuve que transcribir todos mis relatos y, a la espera de un ordenador nuevo -llegaría con los Reyes Magos del año siguiente-, me instalé en El Clavell, delante de su ordenador -y es estrictamente exacto hablar de “un” ordenador; no había otro-.

Al final, la colección quedó compuesta por un total de 11 relatos -entre otros, incluí también “El Planeta Mart” y “Company!”, “El Passejant”,además de “Ulls” (“Ojos”), “Superman” o el “Entrevista amb en Ferran Llopis en una tarde de pluja, paraigües i peus mullats” (“Entrevista con Fernando López en una tarde de lluvia, paraguas y pies mojados”).

Cada relato era, en rigor, un fragmento de universo, entendiendo que cada nuevo relato era un fragmento de un universo distinto. Creo que concibo así la realidad: como la convivencia de universos infinitos, tantos como individuos y tantos como esos individuos crean cuando se relacionan los unos con los otros. 

Son universos menores en tamaño igualmente infinito, con historias corrientes de gentes corrientes, sin héroes ni heroínas, con algún personajillo mezquino, alguno brillante… Y como supongo que, en el fondo, sigo pensando que el bien siempre gana al mal -y ya lo pensaba en ese lejano 1995-, los personajillos mezquinos se ven derrotados en su mezquindad, y los brillantes…, bueno, los brillantes sobreviven con alguna herida.

La portada y las ilustraciones interiores, las hizo Pedro Alférez Canós.

El libro, terminado, salió de máquinas del 22 de Noviembre de 1995.

Aparentemente, era el principio de una gran aventura… Sin embargo, aparentemente, fue el final.