La fiesta de los Reyes Magos es mi fiesta favorita de todo el año. No importa los años que vaya cumpliendo -yo-, que sigue siendo mi fiesta favorita.

Me emociona la cabalgata, su ruido y sus luces, los pajes, las carrozas y los Reyes saludando… Me emociona ver a los niños que, como yo, siguen -o persiguen-, el paso de la comitiva.

No me importa el tamaño de la cabalgata, ni su espectacularidad. Hace años que asisto a una cabalgata más bien modesta, sencilla. Y no importa. Al contrario, me emociona comprobar cómo, año tras año, se “hace lo que se puede” -a veces más, a veces menos-, para que los Reyes también salgan por las calles de mi vecindario y puedan llegar a la capilla de la Mare de Déu del Roser, pegada a Can Falguera, para adorar al niño Jesús.

Además de aferrarme al recuerdo de los felices días de Reyes que viví en la niñez, creo que lo que me sigue emocionando de las cabalgatas es que son el resultado de un necesario trabajo en equipo

A propósito del trabajo en equipo, hace unos años que me convertí en una persona malacostumbrada. Andaba yo de cambios vitales cuando aterricé en un Call Center. Por la tele se repetía, una y otra vez, el anuncio de una nueva empresa de telefonía -en aquellos días en los que se liberó este mercado-, y una y otra vez se oía una canción tan optimista como machacona: 500 miles -de los escoceses Proclaimers-. Aquella nave era imparable -después, no resultó tan imparable, y terminó yéndose a pique sobreviviendo, parcialmente, bajo otras marcas-. Decía que aterricé en un Call Center, el que gestionaba la atención al cliente de aquel operador de telefonía recién nacido -para enfado de algunos de esos clientes que reclamaban, desde el otro lado del teléfono, una oficina a la que acudir-. Decía, también, que me convertí en una malacostumbrada.

Dice el Diccionario de la Lengua Española (RAE) que una persona malacostumbrada es (2.adj.) la que goza de excesivo regalo y está muy mimado y consentido.

Pues así fui yo. Y es que en medio de aquella plataforma en la que no paraban de sonar teléfonos por todas partes, en la que se podía trabajar hasta 12 días seguidos -a cambio de un salario que si a mí me permitía vivir en mi recién estrenada independencia en solitario, era por el prorrateo de las pagas extraordinarias-, en la que había quejas -muchas-, también había risas y, sobretodo, trabajo en equipo.

Supongo que los años han embellecido el relato de esos días, intensificando lo mejor de unos tiempos que, por alguna razón, mi memoria ha elegido recordar como buenos, muy buenos. Pero, ¡qué caramba!, ¡lo fueron! -¿por qué he de contradecir los esfuerzos literarios que mi memoria hace a favor de ese episodio de mi autobiografía…?-.

Trabajo en equipo. 

COMPAÑERISMO, COHESIÓN, SOLIDARIDAD: INDIVIDUOS CON UN OBJETIVO COMÚN

El trabajo en equipo tiene muchas formas de entenderse y practicarse, aunque, en esencia, significa que varios individuos hacen su parte con un objetivo en común. No hay mucho más que añadir, ¿no?.

Pues sí. Sí que hay mucho que añadir.

Hay que añadir compañerismo, procedimientos conocidos y compartidos por todos para, desde el desarrollo individual de tareas, el resultado sea global y uniforme, reglas para hacer predecibles respuestas y reacciones… Cohesión, propia del sentimiento de pertenencia, y solidaridad para que la pertenencia se conserve…

Pero, ¿cómo articular todos estos elementos?.

QUIENES RÍEN JUNTOS, LIBERAN JUNTOS EL ESTRÉS

He hablado, unas líneas antes, de las risas que, recuerdo, compartíamos quienes trabajábamos en aquel Call Center cada vez más remoto. La risa tiene la facultad de cohesionar, unir. Quienes ríen juntos, liberan juntos el estrés.

Pero, ¿basta con la risa para trabajar en equipo?. Aunque apostaría que, con unas buenas risas compartidas, hay mucho ganado, es necesario ser realistas y, admitir, que no, que no es suficiente -hubo un tiempo en el que creí que sí. Pero no. Después comprobé, con cierta decepción y bastante amargura, que hay risas que iluminan momentos magníficos pero no compensan otras carencias; ya hablaremos de ello en otra ocasión-.

Un buen principio para un buen trabajo de equipo es una buena comunicación. ¿Y qué es una buena comunicación?. 

Estoy pensando en ello… Y ya tengo algunas ideas al respecto. Voy a tomar unas cuantas notas y, mañana, comentamos…