ESCRIBIR “DEPRISA” Y “FÁCILMENTE”: EL CONEJO BLANCO DE LA ESCRITURA

rosa-montero“Los libros nacen de un germen ínfimo, un huevecillo minúsculo, una frase, una imagen, una intuición; y crecen como zigotos, orgánicamente, célula a célula, diferenciándose en tejidos y estructuras cada vez más complejas, hasta llegar a convertirse en una criatura completa y a menudo inesperada. Te confieso que tengo una idea de lo que quiero hacer con este texto, pero ¿se mantendrá el proyecto hasta el final o aparecerá cualquier otra cosa?”

“La ridícula idea de no volver a verte”. Rosa Montero. Editorial Planeta, 2013, col. Booket. Pág. 10.

 

 

 

ESTA MAÑANA -MAÑANA DE DOMINGO-, ME HE LEVANTADO PEREZOSA, SIN PRISAS, Y CON UN “ALGO” RONDÁNDOME POR LA CABEZA… 

Con una taza de café en la mano, después de dar unas vueltas por la casa y mirar por las ventanas a esta gris mañana de otoño, me he dado cuenta de que era yo misma la que me estaba rondando por mi propia cabeza. Y es que, en efecto, a veces “me pienso” y pienso en mis circunstancias.

Veamos… Llevo algún tiempo colaborando con “personas que escriben”, y con otras que quieren “empezar a escribir”.

cabeza-pensando-2De estas últimas, algunas no sólo quieren empezar a escribir, sino que quieren escribir un libro, “su” libro. Lo han decidido y acostumbran a saber qué quieren contar y para qué. O, al menos, eso creen.

Entre estas personas que quieren escribir su primer libro, las hay con el hábito de leer y las hay que no leen nunca. Algunas ya escriben tímidamente, textos privados, incluso secretos. Otras, no han escrito nunca ni una sola línea… Algunas quieren escribir ficción, otras ensayos, algunas su biografía, y también hay las que quieren escribir un libro que refuerce su imagen profesional.

Todas quieren, eso sí, que el libro, “su” libro, termine siendo público: quieren compartirlo con los demás.

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Hay, eso sí, una diferencia muy importante entre unas y otras y es que, de entre todas, sólo algunas, antes de empezar el proceso, preguntan: “¿Y en cuánto tiempo lo tendré?”.

De ellas, unas cuantas traen consigo su propio calendario mental: “he pensado que el libro podría salir antes de Navidades, para que sea un regalo de Navidad”…

Siempre que alguien me ha planteado estas cuestiones, me he revuelto, incómoda, en la silla.

Queriendo dar una respuesta orientativa, les he preguntado sobre qué van a escribir, si tienen claros los temas que quieren tocar, y si el único obstáculo al que se enfrentan es “empezar a escribir”. , porque si una persona sabe sobre que va a escribir y los temas que quiere tocar, ya tiene consigo buena parte del “esqueleto”, de la “arquitectura” de su futuro libro y, entonces, si su obstáculo es “empezar”, unos cuantos ejercicios le ayudarán a que se desinhiba primero y, otros cuantos ejercicios más, le dotarán del músculo de la escritura. Mientras tanto, podrá poner manos a la obra y trabajar en su libro. En líneas generales, así son o pueden ser las cosas. Al menos, aproximadamente.

Sin embargo, no es raro que, por concretas que sean las  respuestas a las preguntas que he formulado, se imponga una realidad, por lo general, distinta a la imaginada originalmente…

alicia-y-el-conejo-blancoEs cierto, como reflexionaba el viernes con un amigo, que vivimos en un mundo instalado en la “velocidad “: las cosas han de ocurrir “deprisa”.  Y, para que ocurran “deprisa”, además, han de ser “fáciles”. Ahora, podemos ducharnos untados con crema hidratante, a diferencia de lo que ocurría hasta hace poco, cuando uno se duchaba primero y después se untaba  y tenía que esperar hasta que la crema penetrase en la piel. Ya podemos pagar la gasolina sin tener que pasar por ventanilla: la pagamos con una app mientras cargamos el depósito del coche. Que más se me ocurre… ¡Ah, sí!, “escribe un libro y escríbelo en dos días”. Sí, también existe esta oferta en el mercado. Hagámoslo todo “deprisa”, “fácilmente”. Y así, todos, como Alicia en el país de las maravillas, corremos detrás del “Conejo Blanco”…

 

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Pero, ¿se puede, realmente, escribir deprisa y fácilmente?. Pues… depende. Generalizar tiene sus riesgos… ¡Todo es siempre tan relativo!. Sin embargo, sí me atrevo a decir que, por lo común, no, no se puede escribir ni deprisa, ni fácilmente, quiero decir que no es suficiente con que uno se diga a sí mismo -ni que se lo diga a los demás-: “quiero escribir, voy a escribir”. Ni tan siquiera es suficiente con que uno sepa “de qué va a escribir”. Eso sólo es el principio de un camino que tiene, más allá de lo que pudiéramos pensar, vida propia.

 

Entendámonos, cualquier proyecto, de cualquier naturaleza, ha de tener una “fecha de término”, un “plazo de entrega”. Esa fecha, ese plazo, procastinar-1contribuyen a reforzar nuestro compromiso con el proyecto. Es una de esas estrategias con las que, una y otra vez, intentamos vencer el fenómeno que llamamos “procastinar” -del que hablé en el post del 23/09/2015, de “procastinar” y de las “Leyes de Parkinson”-.

No es menos cierto que, además, podemos influir activamente en el proceso de escritura con técnicas y estrategias -recursos hijos del sentido común aplicado a las Letras, como hemos visto unas líneas más arriba-.

También podemos buscar el apoyo y acompañamiento de alguien que comparta nuestra experiencia, que nos ofrezca perspectiva sobre los obstáculos, que nos ayude a resolver dudas… Un coaching literario, por ejemplo.emoticono-guino

Con todo ello, progresaremos con más agilidad en nuestro libro y optimizaremos nuestra eficacia “literaria”. Sí.

Sin embargo, al abordar nuestro primer libro, es recomendable aceptar una fase primera en la que la “fecha de entrega” ha de ocupar un segundo plano. Es una fase primera en la que ocurren muchas cosas, más de las que pensamos y más de las que esperamos… Si en este este estadio seguimos priorizando la fecha de entrega, corremos algunos riesgos…, como perder de vista la oportunidad fabulosa de disfrutar de todo cuanto nos aporta la propia escritura.  

Cuando escribimos un libro -sea una novela, un ensayo, una colección de poemas…, una biografía o un libro profesional-, estamos creando un “objeto” destinado a durar. A diferencia de cuando escribimos otra clase de textos, ahora escribimos para perdurar. Queremos que perdure el libro y, con él, nosotros. Será nuestra pisada, nuestra huella. Entonces, la escritura adquiere una dimensión poderosamente introspectiva.

cajasEl proceso que se abre delante de nosotros es, literalmente, la exploración de nuestra propia identidad, de nuestros propósitos e intenciones, de nuestras pretensiones, creencias y valores… Y verlo en negro sobre blanco, sorprende y supone revelaciones, en ocasiones, inauditas. Casi sin pretenderlo, empezamos a exigirnos más a nosotros mismos, más rigor, más exactitud, más precisión… Es una cocción gradual, a fuego lento. Es la base del texto futuro y último. Modificamos a veces la idea primera, modificamos los temas a tratar, fabricamos un índice primero y lo transformamos después… Las tramas se reorientan, la voz narrativa empieza siendo una y, después de unas páginas, comprendemos que no es la voz que queremos, la que necesitamos, y volveremos al principio….

Cuando empieza esta aventura, empiezan a abrirse cajas. Se destapan una tras otra. Son cajas de la misma naturaleza, pero distintas también. Una dentro de la otra, y de la otra, otra…

Y, por fin, llega el día en que “todo” adquiere su ser, su cuerpo. Lo sabrás. Aunque no tengas experiencia en esto de escribir un libro, lo sabrás. 

Entonces, sí, pon una “fecha de entrega”.

Modestamente, esto es lo que creo.

 

 

 

 

 

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1 comentario
  1. Elsa
    Elsa Dice:

    Un post muy sabroso Mercé, me ha encantado tu visión y el simil de Alicia, el conejo y las cajas – por lo de mi mudanza reciente . ¡Ay las cajas!
    ¿Quieres ser mi coach?

    Responder

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