BACKSTAGE. Y NO SÓLO ES COSA DEL ROCK. LA QUÍMICA Y LA CREACIÓN. Y ALGUNOS AGRADECIMIENTOS.

(Con todo mi agradecimiento a Ana Robert, química de profesión y pasión, y a unas cuantas charlas con muchos Sujetos, Verbos y Predicados, pero también con mucho Carbono, Hidrógeno, Oxigeno y algo de Nitrógeno. He aprendido a percibir y disfrutar la vida desde la perspectiva del átomo… Gracias a Ana y gracias a Big Bang Theory y a la señorita Gema, profesora de Física y Química de mi cole. Y gracias al rock&roll y a lo vivido en el backstage de unos cuantos conciertos)

LAS LUCES SON SIEMPRE MUY… ESTIMULANTES. Estar en el escenario, con los focos iluminándonos y el público mirándonos, ¡ah!, ¡eso es…!, ¡es…!. ¡ES!. Y si lo saboreas una vez, por lo común, ya siempre tienes hambre de más. 

focos encendidosHe visto unas cuantas veces las luces encenderse. He visto, unas cuantas veces, cómo los focos iluminan a otros, cómo el público los mira…Sí, también alguna vez, las luces se han encendido para mí, los focos me han iluminado y el público me ha mirado… Y es curioso como un escenario -cualquier escenario, el de un teatro, una sala de conciertos, de conferencias, un aula, una mesa entre el público y tú o, simplemente, un círculo de personas sentadas en sus sillas, pero ocupando tú un vértice mental de ese círculo a modo de líder o moderador-, es curioso, decía, como un escenario te hace “más alto”, “más guapo”, “más inteligente”, “más listo”, “más deseado…”, “más…”, “más…”, “más…”. Y después de tanto “más”, cuando las luces se apagan y ya nadie te mira…, quieres “más”.

                                      MÁS, MÁS, MÁS… Y MÁS: CUESTIÓN DE QUÍMICA

Químicamente la explicación se me antoja, de repente, bastante fácil. Todo es cuestión de adrenalina. Obsérvese qué es la adrenalina…

Éste es -a ojos de los químicos-, su aspecto.

Un poquito de Oxígeno, algo de Hidrógeno, Carbono, Nitrógeno… Unos enlaces simples, otros dobles… Adrenalina. Una hormona que actúa como neurotransmisor. La fabricamos en las glándulas suprarrenales. Es una hormona muy útil cuando hemos de salvar la vida… Y si hemos de salvar la vida y no la fabricamos por nosotros mismos, ya la hay fabricada y nos la pueden inyectar -la epinefrina, la llaman los médicos, y es lo que Travolta le inyecta a Uma Thurman para salvarla de la sobredosis de cocaína en “Pulp Fiction”-.

El caso es que bajo las luces, mientras nos miran, en cualquier escenario, del más aparatoso al más sencillo, fabricamos adrenalina. La fabricamos por nosotros mismos porque, bajo las luces y mientras nos miran, “algo” estamos haciendo, porque por eso ocupamos ese lugar en un escenario cualquiera, y, ese “algo”, de un modo u otro, hemos de hacerlo de manera que estemos a la altura de toda la atención concitada… Es una situación de estrés y hemos de “sobrevivir”. Y con la adrenalina recorriéndonos el cuerpo, “sobrevivimos”, porque experimentamos un estado -momentáneo- de euforia… ¡Nuestro cuerpo está al máximo de energía!, ¡notamos la vida explotando en nosotros!, ¡somos vida en estado puro!.

Después, cuando las luces se apagan y ya nadie nos mira, entonces experimentamos una agradable sensación de relax porque, ahora, liberamos endorfinas. Las endorfinas son neuro-péptidos. Las hay de 3 tipos. Obsérvese una de ellas…

Éste es -a ojos de los químicos- su aspecto.

Un poco de Oxígeno, algo de Nitrógeno, bastante de R que representa a los hidrocarburos alifáticos, o sea, Carbono e Hidrógeno, lo que quiere decir que, en el dibujo anterior, cada vez que vemos una R, estamos viendo esto

Las endorfinas, después del estrés, después de haber estado expuestos al poder arrollador de la adrenalina, nos relajan, tranquilizan, nos proporcionan un bienestar muy gratificante… Son las “hormonas de la felicidad” y las almacenamos en el hipotálamo, liberándolas a través de la médula espinal.

En resumen, el “subidón” que nos proporciona ser “protagonistas” depende de unas glándulas que están por encima de nuestros riñones, y la “paz” que vivimos cuando el espectáculo termina, depende de nuestro hipotálamo… Todo es un ir y venir de Carbono, Hidrógeno, Nitrógeno y Oxígeno. Y este ciclo es tan intenso, fantástico y seductor, que ejerce, prácticamente sobre cualquiera que lo experimente, una auténtica “adicción”. Vivido una vez, queremos repetirlo.

PERO LLEGA UN MOMENTO EN QUE TODO TERMINA. Las luces se apagan, la gente se va. El “show” ha llegado a su fin, la adrenalina se ha esfumado y las endorfinas se retiran a su almacén. Todo lo que empieza, acaba. 

salas vacias

 

HE VISTO A “ESTRELLAS” EN PANTUFLAS. Es el tiempo del BACKSTAGE profundo. Regresamos a la vida corriente, a los días sin focos ni público. Y este es, realmente, un tiempo tan necesario como inevitable, porque el “espectáculo” no es eterno ni permanente, porque también en esto existe la alternancia.

Situados detrás del “escenario”, llegan las horas de trabajo. Del “otro” trabajo. Del trabajo en silencio, poco ruidoso. Es el tiempo de “ver”, “mirar”, “oír”, “escuchar”… Es el tiempo de “pensar”. 

EN OCASIONES, HAY CIERTA RESISTENCIA A OCUPARSE EN EL “TIEMPO DEL PENSAMIENTO”. Parece que el tiempo se vuelve más lento y plomizo, que no hay “efervescencia” en las horas que pasan, en los minutos y segundos que caminan, pesadamente, por los relojes y las cabezas… No es raro que, entonces, nos demos “a la fuga”.

No, no se trata únicamente de encontrar mil cosas que hacer, distintas de aquello que, sabemos, es nuestro trabajo esencial: nuevas canciones para nuevos discos y conciertos, nuevos textos para nuevos libros, nuevas formas de impartir un temario en el aula, nuevas formas de impartir terapias, nuevos talleres y conferencias…  Esto es lo que tenemos que hacer. Lo sabemos y lo queremos hacer. Pero nos entretenemos en otros asuntos, nos perdemos, a menudo, en los reflejos pálidos del escenario que, en algún momento, hemos ocupado…, y así, casi cada nuevo acto que acometemos guarda relación con las luces que nos han iluminado, con las ganas de que los focos nos alumbren de nuevo, y no tanto con “aquello” que vamos a hacer, el día que volvamos a escena, en esa escena. Nos dispersamos en el universo “promocional”, en la periferia de la creación sustancial.

EL BACKSTAGE ES, INTUYO, OTRA COSA. Probablemente, todos lo sabemos, todos lo conocemos porque lo hemos visitado, porque lo hemos “vivido”. El Backstage es un espacio entre nuestro cerebro y nosotros mismos, un espacio sin luces, sin testigos, sin fuegos artificiales… Como no es ruidoso ni deslumbrante…, su seducción es sutil y requiere, de nosotros, atención y concentración. Pero ahí está el germen de la “creación”. 

SE ME HA OCURRIDO VISITAR EL PAISAJE DEL PENSAMIENTO. Se me ha ocurrido que, quizás, sí hay fuegos de artificio cada vez que nos ponemos a pensar, a crear… Otra cosa es que yo no lo sepa, que quizás, muchos no lo sepamos, o que, simplemente, no seamos conscientes de lo que pasa “ahí” dentro, en nuestras cabezas, o que no recordemos lo que quizás aprendimos en el colegio…  Y, tal vez, si comprendemos y “vemos” la fiesta de luz que se produce cuando “pensamos”, nos enamoremos de este otro escenario y sepamos crear una “adicción” a él, en su estado puro, adicción al fascinante universo de nuestro backstage personal e intransferible, mental.

En ese órgano llamado cerebro hay 1.000 millones de neuronas por cada milímetro cuadrado. Eso dicen los expertos. Por una limitación estrictamente personal, me resulta… inimaginable.

Las neuronas son células del sistema nervioso con una gran excitabilidad eléctrica y las hay de distintos tipos.

Estos millones y millones de neuronas, se comunican entre sí. “Hablan” las unas con las otras en una reacción electroquímica que crea y recrea, una y otra vez, circuitos y conexiones. A este “diálogo electroquímico” se le llama Sinapsis, y, cuando “pensamos”, en nuestro cerebro ocurren cosas tan extraordinarias como las que podemos ver aquí…

¿NO ES ACASO MÁGICO LO QUE OCURRE EN NUESTRO BACKSTAGE MENTAL?, ¿ACASO NO TIENE LUZ Y ARTIFICIO?. Son exactamente estas cosas las que ocurren cuando “creamos”. 

Así pues, seamos generosos con nuestro tiempo de Backstage. Disfrutémoslo. Ocupémonos de aquello que es esencial. Creemos. No nos distraigamos con excusas. ¡Prendamos la mecha de la sinapsis!. Y cuando tengamos, de nuevo, algo que ofrecer, entonces volverán los días de escenarios, focos y público…

 

 

 

 

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