CAPÍTULO UNO… HISTORIAS DE LA META ESCRITURA

CAPITULO UNOTodo está listo. Hoy es el día. Ahora, el momento. Empiezo. Click, click, click... Capítulo Uno. ¡Ya está!, ¡aquí está!… Capítulo Uno… Capítulo Uno… Tic-tac, tic-tac, tic-tac… Capítulo Uno. Capítulo Uno. Capítulo Uno… Capítulo Uno… Tic-tac, tic-tac, tic-tac... Cosquilleo en los dedos… Capítulo Uno… Voy a por un café…

Regreso. Todo está listo. Hoy es el día. Ahora, el momento. Empiezo. Leo. Capítulo Uno. Capítulo Uno. Capítulo Uno… Capítulo Uno… Tic-tac, tic-tac, tic-tac… Capítulo Uno. Capítulo Uno. Capítulo Uno… Capítulo Uno… Tic-tac, tic-tac, tic-tac… Cosquilleo en los dedos… Capítulo Uno… Bebo un sorbo de café y miro por la ventana…

Bebo un sorbo de café, miro por la ventana, me levanto y salgo al balcón.

Un poco de aire, taza en mano. Perfecto.

“Relájate”, me digo…

Miro al horizonte -breve, por cierto…-. Balcones y más balcones al frente, arriba, un pedazo de cielo, abajo, el asfalto… y voces: en medio de la calle, un motorista y un automovilista se están gritando, el motorista a la altura de la ventanilla del conductor, gesticulando, las manos volando al aire, una, con el dedo extendido, acusador y amenazante, hacia el conductor del coche que abre la puerta y sale… En las aceras se agolpan algunas personas, no muchas: dos mujeres con carro de la compra, tres adolescentes con sudaderas idénticas…, una chica muy gordita, de pelo oscuro…, reconozco al señor Pepe, del bar de enfrente, “El Mundial”, orondo, cara enrojecida, móvil en mano… La cosa se está complicando… El automovilista es un tipo grande, grande, bien grande, que se acerca al motorista, gesticulando… El motorista, que se ha levantado la visera del casco, echa el cuerpo hacia atrás… Se gritan… Se gritan mucho… Los brazos vuelan y voltean, vuelan y voltean… Me echo yo también hacia atrás en mi balcón… De repente, el motorista se baja la visera, se recoloca en su moto, arranca y sale disparado calle “alante”… El automovilista se queda solo, mirando como el otro se va, sigue dando voces… “Voceando”. Me acuerdo del señor Enrique, un zamorano al que conocí en unas fiestas del barrio y que no “gritaba”: él “voceaba”… Hace tiempo que no le veo… El automovilista se sube a su coche y arranca… Las mujeres con carros reanudan la marcha, los adolescentes con sudaderas idénticas se parten de risa, se retuercen de risa… El señor Pepe guarda el móvil, da media vuelta y regresa a su bar. Le sigue la chica muy gordita de pelo oscuro que entra con él en “El Mundial”… Bebo otro sorbo de café.

CAPITULO UNORegreso. Todo está listo. Hoy es el día. Ahora, el momento. Empiezo. Re-leo. Capítulo Uno. Capítulo Uno. Capítulo Uno… Capítulo Uno… Tic-tac, tic-tac, tic-tac… Capítulo Uno. Capítulo Uno. Capítulo Uno… Capítulo Uno… Tic-tac, tic-tac, tic-tac… Cosquilleo en los dedos… Capítulo Uno… Bebo un sorbo de café y miro por la ventana…

“¿Qué será del señor Enrique?”, pienso. “Tendré que pasar por la Asociación de Vecinos y preguntar por él”.