“SERRECOGE CHATARRA”

 

FINALMENTE, SAQUÉ LA FOTO. Era mediodía. Aparqué mi coche detrás del camión y, con cierto apuro porque siempre me parece un tanto indiscreto ir sacando fotos a cosas ajenas por el mundo común, saqué la foto. Me llevó un rato porque el sol me deslumbraba y, torpemente, fui escorando el camión hasta escapar de los rayos solares y captar, en su plenitud, el objeto de mi pasión. Colgué la foto en Instagram -¡cómo me gusta Instagram!-, y la compartí en el resto de redes sociales que uso. Quedé satisfecha con la foto. Me pareció y me parece, incluso, una buena foto, con su rojo zumbón, y habiendo, educadamente, evitado enfocar el teléfono del chaterrero -¿o es chatarrera…?. La costumbre me dice que es hombre…, ¡pero quién sabe en estos tiempos de reinvención profesional!, ¡de familias que reordenan papeles buscando compensar la ruina de los días eternos de crisis cotidiana!-.

Hacía semanas que “serrecoge chatarra” me tenía entusiasmada… El camión aparcado siempre en el mismo lugar y yo, casi a diario, bordeándolo sin cejar en mi entusiasmo por aquella ortografía genuinamente errónea pero tan poéticamente acertada… Como, generalmente, al pasar al lado del camión lo hacía, lo hago, cuando voy de retiro a casa, el cansancio hace más ensoñadora la visión.

“SERRECOGE CHATARRA”. ¡Qué fuerza!, ¡qué impulso!. La chatarra es más chatarra que nunca y “serrecoge” más y mejor que nunca. En realidad, la chatarra no se recoge…, “se arranca” de dónde molesta, de dónde ya no sirve.

La rigurosa Mercedes Jiménez Avila, cuando ve mi publicación, apunta, ortográficamente hablando: “como las dos erres se escriben entre vocales, lo ha hecho bien, (serrecoge)… si no fuera porque va separado”.

Y ahí está la grandeza del asunto. La ortografía sujeta, agarra la lengua. Le da cuerpo y coherencia, normas que le permitan sobrevivir entre tanto hablante disparatado que usamos la lengua a nuestro albedrío, capricho, carencia o exceso, poniéndola en peligro de verse disuelta, deshecha, inaprensible, incomprensible… Que el código se conserve, se aprenda y se respete, es una misión que tenemos los hablantes si queremos seguir entendiéndonos…

Sin embargo, la rebeldona que llevo dentro se deslumbra ante el hablante que, más allá de cortapisas formales, se expresa. Se expresa porque es su derecho, su obligación, su necesidad. Se expresa porque se ha de hacer oír, se ha de hacer leer. El hablante es libre para usar su lengua, para crearla, para inventarla…, incluso para destruírla… De la destrucción de las lenguas a manos de sus hablantes, han surgido nuevas lenguas. Saussure, García Márquez… Ellos ya lo decían. Dicen. Memorable provocador García Márquez en Zacatecas…

Bravo por el chatarrero -o chatarrera- y su libertad. Bravo porque, al menos a mis ojos, ha terminado creando belleza…, casi, poesía.

“SERRECOGE CHATARRA”. ¡Qué fuerza!, ¡qué impulso!. La chatarra es más chatarra que nunca y “serrecoge” más y mejor que nunca. En realidad, la chatarra no se recoge…, “se arranca” de dónde molesta, de dónde ya no sirve.

"SERRECOGE CHATARRA"

 

“¿QUÉ CUENTO TE CUENTAS?”

        “¿Qué cuento te cuentas?” es un taller de escritura con PNL que empieza con… “Yo soy…”

Pues bien, yo soy anfitriona.

En estos días, semanas, de talleres, después de algunas idas y venidas a través de las vivencias compartidas con personas que escriben y que se     ofrecen a hacer público qué “son” ellas mismas, observando con asombro, sorpresa, admiración y, siempre, respeto, lo que han contado de sí mismas, son sus “voces” las que me devuelven a la mía propia.

Empecé el taller con un “Yo soy escritora…”. En otro taller –el mismo, paralelo a este, pero en otro lugar y en otra compañía-, elegí “Yo soy una persona asustada…”. Es curioso.

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He experimentado, durante estos días, semanas, algunos momentos de vértigo íntimo muy profundo, desconcertante. Miedosa por naturaleza –o por educación, o por herencia…, vaya usted a saber-, hubo ocasiones en las que estuve en el precipicio del susto. Y el propio precipicio, me asustó. Me asustó tanto, que me aparté de él, al menos, unos pasos. Fue una suerte. Continuar leyendo ““¿QUÉ CUENTO TE CUENTAS?””